Fantasmas

Hace unicon_no_photo_60x60os días, en uno de los foros del curso que la Fundación UNED imparte sobre Community Manager, una alumna, Patricia, manifestaba sus dudas sobre el uso que actores indeterminados podrían hacer de sus datos personales aún en el caso de que ella comunicara su deseo de que fueran borrados. Es una consulta jurídico-técnica de calado sin duda que, además, se relaciona con un debate igualmente vivo: ¿hasta qué punto debemos confiar al depositar en la nube detalles de nuestra vida y milagros?

Ciberdoctores tiene la ciberiglesia y seguro que Patricia encuentra cumplida respuesta a sus preocupaciones.

A mí, aunque relacionado con todo esto, hay otro asunto que me descoloca mucho más. Concierne a las vidas de las que solo tenemos constancia virtual. No me refiero propiamente a quienes nos han dejado y sus perfiles siguen ahí escritos con letras aparentemente indelebles en el muro de Faceboock o en el escritorio de Twiter; son ya historia detenida, presencias que ya no nos siguen y a las que ya solo seguiremos, a ser posible, cuanto más tarde mejor. Para mi tristeza, recientemente he eliminado de mi cibermundo (con dificultad técnica, ciertamente) a dos personas; era doloroso verlas ahí, más que si solo están en mi corazón y en mi memoria.

Pero lo que me resulta de verdad inquietante es otra cosa: desde hace algún tiempo y muy de vez en cuando visito un perfil de Linkedin. Lo encontré por casualidad o quizás debiera decir que por la acción de las fuerzas desconocidas que acaso mueven las relaciones y el destino de las personas en el ciberéter. Es un perfil que ilustra una silueta sin cara, detenido en el tiempo: hace años que no se actualiza y contiene, como todos, la vida troceada: de tal a tal en tal sitio con tal cargo. Uno de esos trozos me pertenece: es una habitación de hotel; es largas conversaciones en un aparcamiento; es un río gris en una ciudad alemana o un clavel en un puesto callejero de la vieja Italia; es una canción de Phil Collins y, a la postre, un encuentro fugaz en un aeropuerto después de tanto tiempo y la promesa incumplida de una llamada telefónica.

Ahí sigue ese retrato breve, incompleto, injusto. Y puesto que nadie le sacude el polvo desde hace más de cuatro años, quizás algo irreparable que ignoro ha sucedido. Pero ella está ahí suspendida en no sé qué dimensión, en su nube y en la mía, tan bonita como yo la recuerdo. Inmune al olvido.

Quipu Consultoría de Comunicación, imágen y marketing. quipucomunicacion@gmail.com                                                                        teléfono 646425114

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s